El lastre del periodismo en México: el narcoestado

El sonido de diez disparos dentro de un coche, todos ellos seguidos en cuestión de segundos, retumbarán siempre en la memoria de la hija de Armando Linares, periodista mexicano que mataron delante de ella por continuar investigando la corrupción del país después de haber recibido varios avisos, o mejor dicho, amenazas.

Todos conocemos México, ese lugar de playas paradisíacas y paisajes de película que se ha convertido en uno de los principales destinos turísticos de Latinoamérica por su cultura y gastronomía. Es un territorio de casi dos millones de kilómetros cuadrados, situado en el norte de América, dónde residen 130,3 millones de personas.

Y, aunque este Estado figura como una democracia, sin embargo, no lo es. Ni de lejos México es un país en el que la libertad se pueda regalar y menos todavía si hablamos de libertad de prensa. La peor parte, sin duda, se la llevan los periodistas; y especialmente aquellos que quieren luchar contra el poder y sus aliados. Así lo regula la clasificación que cada año Reporteros Sin Fronteras publica para explicar la situación de la libertad de prensa en 180 países, en la que este 2022, México ocupa el lugar número 127.

Evolución de los asesinatos a periodistas en México | Fuente Artículo 19 | Elaboración propia

Este hecho lo percibe igualmente la ciudadanía mexicana, que es consciente de que la información que les proporcionan los medios está manipulada, ocultando la verdad y manipulando datos. Nayely Palma, una joven de 23 años, natural de la ciudad mexicana de Puebla, situada en el estado de Chihuahua, explica que “hay muchas veces que se lanzan cortinas de humo y mucha gente ha dejado de ver los noticieros por estas cuestiones”.

El asesinato del periodista Armando Linares fue el punto de inflexión para sus compañeros de profesión. Desde ese momento, los periodistas que habían perdido a su amigo se dieron cuenta de que las amenazas eran reales y de que podría haberles ocurrido a cualquiera de ellos. Llegaron hasta el punto de quedar con antelación para acudir todos juntos a los escenarios que tenían que cubrir, porque así era más difícil que pudieran abordarlos. El hecho de acudir todos juntos a un acto les podía salvar una vez, pero no siempre. “Cuando escuchas un disparo, corres, aunque eso suponga dejar atrás muerto a un amigo de profesión con el que has compartido muchas vivencias”, declara Héctor Saavedra, periodista mexicano de Ciudad Juárez.

Realizando pausas, y haciendo evidente el dolor que le provoca el hecho de recordar la situación en su país, Saavedra revela que para hacer frente a todo tipo de situaciones límites que se dan en México, los periodistas se ven obligados a realizar cursos de capacitaciones para fortalecerse en diferentes aspectos. Una de esas pruebas consistió en entrar a un edificio en llamas con los ojos vendados. Héctor explica que, aunque sabían que de esos cursos iban a salir con vida, la realidad del periodista mexicano es que “salir con vida de esas situaciones es solamente una opción”.

Héctor Saavedra, natural de Ciudad Juárez, periodista residente en Valencia | Imagen propia

Pero llegó un momento en el que la situación se hizo insostenible. Muchos periodistas abandonan su país, su familia y su cultura para no engrosar así, en un futuro, con sus nombres, las listas de los periodistas asesinados en el país. Y en esta tesitura se encontró Saavedra, quién después de aguantar amenazas constantes dirigidas a su persona, e incluso a su familia, tomó la decisión de abandonar su patria para seguir ejerciendo la actividad a la que había dedicado su vida. Desde el año 2017 lo hace desde Valencia, en España, y concretamente lo separan 9.027 kilómetros de su ciudad natal, Ciudad Juárez.

Cuando pisó España, su vida cambió. Automáticamente, todo el trabajo que había desempeñado en México se había esfumado; todo lo que había luchado por contar la verdad no había servido para nada. Fue como si nadie fuera consciente de que ese periodista se había jugado la vida en diversas ocasiones intentando defender la libertad de prensa en su ciudad y en su país. Y así se sintió cada vez que llamó a las puertas de los periódicos con más renombre en la capital valenciana.

Nayely Palma, la joven mexicana, relata también otro de los asesinatos sucedidos recientemente. “Hubo un caso justo en agosto, de un locutor y periodista mexicano, de nombre Alán González. Él estaba en Ciudad Juárez, haciendo una transmisión en vivo de una protesta y a plena luz del día se acercó un carro gris y lo asesinaron. Dispararon contra él y su equipo”.

Este suceso y muchos otros en contra de los periodistas son la prueba de que México carece de una cultura sobre el significado del trabajo de los periodistas y defensores de derechos humanos.

No todos los periodistas amenazados corrieron la misma suerte que Héctor al encontrar un refugio en otro país. Muchos han sido asesinados porque los altos mandatarios han considerado en algún momento que estorbaban. Y es que, llegado el punto en el que no pueden controlar lo que publicas o no te dejas manipular para actuar como altavoz de la propaganda que quieren difundir, les molestas.

Que el número de periodistas asesinados sea de 22 en lo que llevamos de año es un problema muy grave, pero lo peor es que la ciudadanía mexicana ya lo tiene normalizado y no se sorprende como antes. “Antes incluso en los noticieros por la mañana o por la tarde informaban de ello, pero desde hace unos dos años se dejó de hablar, solo se encuentran noticias por internet o en medios amarillistas, donde se ven las noticias por simple morbo o para asustar a la gente. Los noticieros que se ven por tele ya no informan de ese tipo de situaciones”, aclara Nayely Palma.

Los asesinatos solo son la punta del iceberg, ya que los periodistas señalados sufren un proceso que empieza con avisos. Y además de la tortura psicológica a la que se enfrentan con las contínuas amenazas a las que los someten, algunos también son agredidos física o sexualmente con golpes y violaciones. Por eso, no todas las torturas suponen la muerte.

Reyna Ramírez, periodista mexicana que ha trabajado durante décadas en el medio ‘El Imparcial’ confesó que en su país los periodistas están acostumbrados a los gritos diarios e incluso, las presiones pueden llegar hasta tener a una persona persiguiéndote o entrando a tu casa cuando quiere registrarte sin ningún tipo de orden o autorización. El siguiente paso, si no cedes, es el asesinato.

Reyna Ramírez, periodista mexicana, durante uno de los seminarios en la UMH de Elche | Imagen propia

Pero es que además, las escasas medidas de seguridad se unen a la falta de prestación de servicios en atención a la salud mental que muchos periodistas amenazados demandan. El estrés, la ansiedad y la depresión son trastornos que acompañan a esta profesión en México y no es de extrañar que estas sean las consecuencias a las que se tienen que enfrentar los periodistas, además de estar sometidos a este infierno. Este debería ser también, junto a la libertad de prensa, un servicio fundamental, pero si ya de por sí la salud mental no es un tema bien tratado, imagínense en un territorio así.

La democracia, ese sistema político tan bien visto y con el que a todos se nos llena la boca al hablar y al presumir de ella. Bien, pues de la democracia mexicana no se puede jactar nadie. ¿De qué sirve tener una democracia si no puedes garantizar su correcto funcionamiento? Los mexicanos han estado durante décadas eligiendo a un mismo partido político, el llamado Partido Revolucionario Institucional (PRI), y aunque en sus inicios era un partido de izquierdas, con el paso del tiempo pasó de ser una formación progresista a una de centro-derecha después de la corriente neoliberal de los años 80.

A pesar de que el PRI ha gobernado durante 70 años, en México un presidente no puede repetir en el cargo. Cada 6 años se celebran elecciones, y durante siete décadas el pueblo mexicano apostó, comicio tras comicio, por el PRI. Hartos de la situación que vivía el país después de este mandato, los ciudadanos decidieron, con el paso del siglo, otorgar su confianza a otro partido. La evolución de los narcotraficantes, que controlaban, y controlan México, ha llevado al país norteamericano a un punto de no retorno.

Al inicio del mandato de Felipe Calderón, presidente de México entre 2006 y 2012, se declaró la llamada Guerra contra el narco. El Estado empezó un conflicto armado contra los cárteles, intentando un movimiento importantísimo para erradicar este problema. En cambio, todo fracasó. La movilización de la policía fue en vano.

Declaración de la Guerra contra el narco de Felipe Calderón

Además de los asesinatos a periodistas, la ciudadanía también se vio afectada por la dura represión gubernamental. Durante el mandato de Felipe Calderón murieron cerca de 121.000 personas, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, mediante ejecuciones, enfrentamientos entre bandas y agresiones a la autoridad. Cientos de miles de vidas que se perdieron en esta guerra. Sí, una guerra.

“Los años de mandato de Felipe Calderón fueron unas épocas muy terroríficas para el periodismo y para toda la población, porque en plena calle encontraban los cuerpos o sucedían los asesinatos o los hacían desaparecer, o los encarcelaban y estos tenían que huir a otra parte”, narra Nayely Palma.

El actual presidente de los Estados Unidos de México, Andrés Manuel López Obrador, declaró al inicio de su legislatura que había terminado esta guerra. Su intención, o al menos eso es lo que él decía, era buscar la paz. Sin embargo, los datos y el tiempo le han dado la razón a sus críticos. Las grandes cifras de asesinatos y muertes han permanecido y no han cesado, sino que aumentaron cuando empezó la gestión del actual presidente. Por tanto, la violencia se sigue respirando por las calles del país, y los narcotraficantes continúan campando a sus anchas con la ayuda de las propias instituciones, policías o jueces. “Con el presidente Obrador era lo que esperábamos, sin embargo está siendo muy difícil. El gobierno está siendo ya un crimen organizado”, afirma Nayely.

México es el país que hace frontera con Estados Unidos. Ciudades como Tijuana o Ciudad Juárez, entre otras, son el punto de partida de muchas personas que viajan al país vecino. Millones de hombres, mujeres y niños atraviesan ambos países cada día, convirtiéndo este punto en un lugar clave y estratégico. Por eso, la peligrosidad y el narcotráfico se acentúan en estas regiones. La droga mueve dinero, y también mueve vidas. La escasez de recursos en la que vive el pueblo mexicano y la gran pobreza de sus ciudadanos hace que la gente vaya al dinero fácil. La impunidad es tremenda, y las consecuencias de las ilegalidades son nulas.

Trasladado al periodismo, el testimonio de Reyna Ramírez es clave para entender la situación de la profesión en México, uno de los países más peligrosos para ejercer esta labor informativa, más importante aún cuando estás amenazado y la libertad de prensa no existe.

Tal y como dice la periodista latinoamericana, en México existe el narcotráfico y la corrupción porque es el Gobierno el que lo permite. Sin embargo, es el mismo Gobierno el que les ofrece a los propios periodistas un botón del pánico para que puedan recurrir a él en caso de sufrir agresiones. Y, aunque son los agentes los que supuestamente van a ayudarles, son los mismos que les quieren matar, por tanto, estos botones no son de calidad.

A parte de la colaboración con el narcotráfico, México vive también una grave situación de corrupción. En el sexenio en el que gobernó Enrique Peñanieto, del PRI (Partido Revolucionario Institucional), un total de 19 gobernadores fueron investigados por actos de corrupción. México tiene 32 estados, por lo que más de la mitad estuvo implicado en estos casos. Por ejemplo, en el estado de Veracruz, su ex gobernador Javier Duarte de Ochoa se encuentra en la cárcel. Otro caso puede ser el del gobernador de Chihuahua, César Duarte Jáquez, que también lo está, acusado de corrupción. “Pienso que todo el mundo aquí sabe como se maneja el gobierno y como todos están involucrados, no sorprende”, declara Nayely, habitante del estado mexicano de Chiuhuaha.

Los años han pasado y los tiempos han cambiado. Sin embargo, la situación en México solo ha ido a peor: las promesas no se han cumplido, se han acabado convirtiendo en populismo y el problema parece no tener solución.

Reporteros sin Fronteras califica a México como el país sin conflicto armado más peligroso para ejercer el periodismo en todo el mundo. En los territorios que viven en guerra es evidente que el contexto hace estas zonas lugares inestables y con mucho riesgo para los profesionales de la información. Aunque los periodistas estén amparados por el derecho internacional humanitario, este en muchas ocasiones no es suficiente para protegerlos. En las guerras todo vale, y la desprotección es real en las zonas de conflicto.

En cambio, México no vive en una guerra como las que hemos conocido hasta el momento, una guerra armada con misiles y soldados en el frente. Sin embargo, los asesinatos y las amenazas son el pan de cada día en las localidades del país. La mayoría de los asesinatos, desapariciones y secuestros se producen en los estados de Chihuahua, Coahuila, Durango y Veracruz. Precisamente, y no es casualidad, los dos primeros hacen frontera con Estados Unidos, por lo que es un punto estratégico muy importante y por el cual las tensiones aumentan en busca de ese paso al país vecino.

Entrevista a Héctor Saavedra, periodista mexicano

Durango se encuentra en una situación parecida, ya que limita con Chihuahua y Coahuila, por lo que es algo normal. Sin embargo, Veracruz es un Estado que se sitúa lejos de los anteriores. Entonces, ¿por qué es tan peligroso? Según el InSight Crime, existen dos organizaciones criminales que se están disputando el control de las zonas del centro y sur de Veracruz, que son el CJNG y Los Zetas Vieja Escuela. El nivel de violencia se incrementa debido a este enfrentamiento.

La policía y los cuerpos de seguridad del Estado son el principal mecanismo que tiene un país para asegurar su estabilidad y seguridad, además del cumplimiento de las leyes. Por eso, la corrupción, por un lado, y el temor, por otro, que viven y protagonizan los policías en México es una de las principales razones de su estado fallido.

Héctor Saavedra contaba su experiencia cuando estaba dentro de las salas de comunicación de la policía, en las que trabajó durante cuatro años: “Te das cuenta de muchas cosas que ahora las puedo contar abiertamente, pero cuando estás ahí no puedes. Sabías que los policías recibían dinero por dejar trabajar al narco, y eso no lo podías decir en su momento porque te mataban”. Esta es la actualidad y el día a día de muchos periodistas. Son conocedores de los escándalos que se cometen dentro de las organizaciones criminales y gubernamentales, pero no lo pueden contar. Si lo dicen y lo claman son amenazados, y el siguiente paso es el asesinato.

“El narco no llega y te dice: «Vamos a trabajar juntos». El narco llega y te dice: «Aquí está el dinero, déjame trabajar o te mato»,” cuenta el periodista mexicano. La situación va evolucionando hasta llegar el momento en el que hasta los policías más éticos e íntegros no pueden ejercer su profesión con libertad, ya que ellos o sus familiares están amenazados. Héctor Saavedra asegura que “cuando estuve al frente del área de Comunicación Social de Seguridad Pública hubo muchos desaparecidos, y entre 300 y 400 asesinatos. Aquella plantilla que yo manejaba era de 1600 policías. Había días en los que me mataban 2 o 3 policías en un día”.

La corrupción es inevitable. Se encuentra en todos los lugares del mundo, pero se agrava en los países en que el Estado se encuentra corrompido por la droga y los juegos de intereses mezclados con el poder.

El problema de México no nació ayer. Para llegar a este punto y a un momento en el que los narcotraficantes han llegado a tener tanto poder han tenido que pasar muchos años. Durante décadas se ha permitido por parte de las instituciones que este asunto se agrave hasta el punto al que se ha llegado en la actualidad.

La omisión y la complicidad de los políticos ha sido el principal factor que ha evitado la detención de la evolución del crimen organizado. México tiene muy arraigada la cultura del narcotráfico. En este país es prácticamente una tradición y algo muy normalizado, una condición que hace todavía más difícil cambiarlo.

Al hablar de este tema nos lleva a pensar si México tiene solución. Las opiniones son muy pesimistas y el problema es de raíz. Una de las pocas soluciones posibles está en manos de los jóvenes. Estos son el futuro y los que tienen el poder de cambiar las cosas. Sin embargo, si reciben un mundo devastado y no tienen algo a lo que agarrarse va a ser prácticamente imposible que mejoren su país. El 65% de la población mexicana está en riesgo de pobreza y pobreza extrema. Cuando una familia no tiene recursos y no tiene para comer, lo fácil es acudir al narcotráfico.

No obstante, algunos de los ciudadanos de México aportan un atisbo de esperanza a este problema que parece no tener solución. Porque como explica la joven Nayely, “el narcotráfico en México saca mucho dinero pero hay otra parte legal que también lo hace, como el turismo”. Ella sí augura un futuro en el que se erradique el crimen organizado, aunque piensa que para ello se necesitaría un “cambio radical”.

Es una pena que un territorio con una cultura increíble como es México tenga que enfrentarse a un problema como este. Un país sin libertad de prensa y medios es un país que pierde. Y en él la transparencia no existe.

Palabras claves:

Títulos de crédito:

  • Entrevista Héctor Saavedra: Martín Borja (cámara), Raquel Navarro (fotógrafa), Javier Richart (entrevistador) y Alba Seguí (productora)
  • Montaje entrevista Héctor Saavedra: Isabel Guillem
  • Redacción crónica: Martín Borja, Lorena Ern, Isabel Guillem, Raquel Navarro, Javier Richart y Alba Seguí
  • Entrevista Nayely Palma: Raquel Navarro
  • Redacción podcast: Lorena Ern
  • Locución podcast: Martín Borja, Lorena Ern y Alba Seguí
  • Montaje podcast: Raquel Navarro
  • Montajes PowerPoint: Isabel Guillem

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No soy periodista, pero estoy de camino.

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